18 de agosto de 2026 a la – 10:56
La prostatitis es la inflamación de la próstata y puede causar dolor pélvico, ardor al orinar y malestar durante el sexo. No siempre es una infección ni una ETS, y reconocer el tipo es clave para tratarla.
La prostatitis es un conjunto de cuadros en los que la próstata —una glándula que participa en el semen y rodea la uretra— se inflama o se irrita. En términos médicos, se clasifica (según criterios usados en clínica, como los del NIH) en cuatro grandes grupos: prostatitis bacteriana aguda, bacteriana crónica, síndrome de dolor pélvico crónico (CP/CPPS) y prostatitis inflamatoria asintomática.
Prostatitis no es sinónimo de infección, y por eso no siempre se resuelve con antibióticos.
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Síntomas típicos: del baño a la cama
Los síntomas más frecuentes combinan lo urinario y lo pélvico: ardor o dolor al orinar, urgencia miccional, sensación de vaciado incompleto y molestia en periné, bajo vientre o zona lumbar.

En la esfera sexual, muchas personas describen dolor con la eyaculación, incomodidad después del orgasmo o una disminución del deseo que no nace “de la cabeza” sino del cuerpo: si duele, el cerebro aprende a anticipar malestar.
También puede aparecer dificultad eréctil de forma secundaria, no por falta de interés sino por la mezcla de dolor, estrés y tensión muscular.
¿Es una ETS? Mitos y confusiones comunes
Una consulta repetida es si la prostatitis “se contagia”. La respuesta matizada: la prostatitis bacteriana puede estar causada por bacterias, pero la mayoría de los casos crónicos no se explican por una infección activa.

Puede coexistir con infecciones urogenitales, pero no conviene asumir que es una ETS sin estudios: esa suposición suele aumentar ansiedad, culpa y conflictos de pareja.
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Qué pasa en el cuerpo: inflamación, nervios y suelo pélvico
En la prostatitis aguda, el mecanismo suele ser más directo: una infección asciende por la uretra y provoca inflamación intensa, a veces con fiebre.
En los cuadros crónicos, especialmente el dolor pélvico crónico, se investiga un “círculo” más complejo: inflamación de bajo grado, hipersensibilidad de nervios pélvicos, espasmo del suelo pélvico y un sistema de alarma (estrés) que amplifica la percepción del dolor.
En sexualidad, esto importa porque deseo y excitación dependen de seguridad y confort corporal: cuando el cuerpo está en alerta, la respuesta sexual se vuelve más difícil.
Diagnóstico y tratamiento: por qué “lo mismo” no sirve para todos
El diagnóstico suele incluir historia clínica, examen físico y análisis de orina; en algunos casos, cultivo, evaluación prostática y descarte de otras causas.
El tratamiento depende del tipo: antibióticos cuando hay evidencia de infección, y en cuadros crónicos pueden sumarse antiinflamatorios, bloqueantes alfa, fisioterapia de suelo pélvico y abordajes del dolor y del estrés.
La clave clínica es evitar el automatismo de medicar sin confirmar: en prostatitis crónica, la respuesta a antibióticos es variable.
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Cuándo consultar con urgencia
Fiebre, escalofríos, dolor intenso, sangre en orina o semen, vómitos, o imposibilidad de orinar son señales para consulta inmediata.
Si el dolor pélvico o sexual persiste semanas, también amerita evaluación: no para alarmarse, sino para clasificar el cuadro y evitar que se cronifique.
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