Cada 8 de septiembre se conmemora en Paraguay el Día de la Industria, una fecha que permite poner en perspectiva el papel del sector en la economía. En ese contexto, el economista Rodrigo Ibarrola destacó que la actividad es una de las principales vías para que Paraguay deje de limitarse a producir materia prima y avance hacia la generación de mayor valor agregado y tecnología dentro de su estructura productiva.
Ibarrola explicó que, cuando una materia prima paraguaya es industrializada, una mayor parte del valor generado por el producto resultante queda en el país. Esto marca una diferencia frente a la exportación de materia prima sin transformación, ya que en ese caso una parte importante del proceso de generación de valor se realiza en el exterior.
El peso que tiene actualmente la actividad manufacturera también se refleja en los principales indicadores económicos. De acuerdo con datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), el sector industrial representa el 19% del Producto Interno Bruto (PIB), equivalente a unos US$ 9.446 millones. Además, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), existen 29.771 industrias registradas, que concentran a 353.031 personas ocupadas.
Lea más: La tercerización paraguaya exporta US$ 47 millones y genera 3.982 empleos
En materia de comercio exterior, el sector manufacturero también fue ganando protagonismo. En 2025, las manufacturas de origen agropecuario y de origen industrial exportaron por US$ 6.311 millones, un 11% más que los US$ 5.692 millones registrados en 2024.
Estos números muestran el espacio que la actividad manufacturera fue ganando dentro de la economía paraguaya, aunque, según Ibarrola, todavía existe margen para avanzar mucho más.
Más empleo formal y mejores salarios
La generación de empleo es otro de los principales aportes del sector. Según el economista, Paraguay todavía enfrenta un elevado nivel de informalidad y los empleos de mayor calidad, mejor remunerados y con mayores niveles de formalización se concentran, en buena medida, en la actividad industrial.
De acuerdo con datos citados por el MIC, la manufactura mostró un buen dinamismo en la generación de empleo formal, impulsado por las nuevas inversiones industriales y las políticas de fomento. En ese proceso, la tasa de informalidad pasó de alrededor del 62% en 2020 al 55% en 2025.

Ibarrola señaló que una expansión de la manufactura puede contribuir a generar más puestos de trabajo formales y favorecer un crecimiento de los salarios.
“Buena parte del crecimiento de la ocupación en el país todavía se produce en actividades de baja productividad y bajos ingresos, por lo que el desafío pasa también por generar empleos de mayor calidad”, acotó.
Paraguay debe acelerar su proceso de industrialización
Si bien la actividad manufacturera fue ganando espacio dentro de la producción y las exportaciones paraguayas, Ibarrola consideró que ese avance todavía no alcanza el nivel que el país necesita.
En ese sentido, sostuvo que Paraguay debe acelerar su proceso de industrialización y trabajar sobre factores estructurales que condicionan la competitividad.
“Hay que acelerarlo un poco más, estamos yendo hacia ese camino pero lentamente. Hay muchas cuestiones a tratar como los costos, los costos intermedios, la infraestructura, la burocracia, la seguridad jurídica. La discusión sobre competitividad debería concentrarse únicamente en la cuestión tributaria”, indicó
Lea más: Cuando competir ya no es local: el reto del sector textil paraguayo ante Shein y Amazon
Un ecosistema que va más allá de la fábrica
Ibarrola también resaltó que el impacto de una planta industrial no se limita a los puestos de trabajo que genera directamente.
Detalló que una actividad manufacturera demanda insumos, transporte, servicios, software, seguros, capacitación, diseño, logística y otros componentes que forman parte de una cadena productiva más amplia.
“De esta manera, el crecimiento de la manufactura puede impulsar también el desarrollo de servicios especializados y de proveedores locales, generando un ecosistema alrededor de cada actividad productiva”, resaltó.

Para el economista, ambos procesos deben avanzar de manera conjunta: por un lado, una mayor producción de bienes manufacturados y, por otro, el crecimiento de servicios especializados capaces de acompañar y fortalecer esa actividad.
El desafío de generar más encadenamientos productivos
Uno de los principales desafíos para Paraguay es profundizar los encadenamientos productivos. Señaló que el país cuenta con una producción primaria competitiva y con “abundantes” materias primas, pero todavía existen eslabones intermedios que no están suficientemente desarrollados.
Actualmente, buena parte de los insumos, componentes y tecnologías utilizados por las fábricas son importados. El desafío, según explicó, es avanzar progresivamente en la generación de capacidades locales que permitan producir una mayor proporción de esos bienes y servicios dentro del país.
De esta manera, aseguró que la industrialización no solo permitiría transformar las materias primas nacionales, sino también desarrollar proveedores, tecnología, servicios y empleo alrededor de las distintas cadenas productivas.
“El objetivo debe ser que Paraguay pueda aprovechar mejor sus ventajas productivas, agregar más valor dentro del territorio y construir una estructura económica con mayor productividad, formalidad y capacidad de generar ingresos”, sentenció.
Más historias
El milagro de Lucerito: la niña conservará su piano y continúa rifa para cubrir su recuperación – Nacionales
Defensa al consumidor: Proyectan modificar varios artículos para evitar prácticas abusivas – Política
Médicos llevan sus reclamos hasta Caacupé y cuestionan falta de respuestas del Gobierno – Política