
19 de julio de 2026 a la – 23:45
Taipéi, 20 jul (EFE).- El presidente taiwanés, Lai Ching-te, instó este domingo a los miembros del Partido Democrático Progresista (PDP, gobernante), que él mismo preside, a oponerse al «terror rojo» de Pekín y a no permitir que el «Taiwán democrático» se convierta en el «Taiwán de China».
En una intervención pronunciada en taiwanés -también conocido como hokkien- ante la convención anual del PDP y recogida por el diario local China Times, Lai criticó con dureza la Ley para la Promoción de la Unidad y el Progreso Étnicos, que entró en vigor en China el 1 de julio y que, según Pekín, busca reforzar la unidad nacional y promover el desarrollo de las regiones habitadas por minorías.
Una de las principales preocupaciones para Taiwán es el artículo 63 de esta ley, que establece que «las organizaciones y los individuos fuera de China que cometan actos que socaven la unidad y el progreso étnicos o promuevan el separatismo étnico serán considerados responsables conforme a la ley».
Esto, según académicos taiwaneses, podría exponer a los ciudadanos de la isla a riesgos políticos y legales, especialmente a quienes viajen con frecuencia al otro lado del estrecho o tengan empleos, inversiones o vínculos familiares en China.
En este contexto, el mandatario taiwanés denunció que esta normativa evidencia que la «guerra jurídica» de China contra Taiwán ha pasado del «rechazo a la independencia» plasmado en la Ley Antisecesión, vigente desde 2005, a una «unificación forzosa revestida con el ropaje de la unidad étnica».
«Esta ley perniciosa no solo pretende incluir a Taiwán en el ámbito de la ‘labor étnica’, ampliar la persecución judicial y forzar a la ciudadanía a la autocensura, vulnerando la soberanía de Taiwán y la dignidad nacional, sino que además ejerce de forma abusiva una represión transfronteriza», aseveró Lai.
Ante ello, el Gobierno taiwanés establecerá «sin falta» un sistema sólido, con mecanismos de prevención, contramedidas y protección, «para garantizar la seguridad de toda la población», recalcó el líder isleño.
Considerado un «independentista» y un «alborotador» por las autoridades de Pekín, Lai también aprovechó su discurso para subrayar que Taiwán «ya es un país soberano e independiente», cuyo nombre constitucional es República de China, y que este y la República Popular China «no están subordinados entre sí».
«Sin distinción de grupo étnico ni de quién llegó antes o después, quien se identifique con Taiwán es dueño del país; el futuro de Taiwán debe decidirlo en común el conjunto de sus 23 millones de habitantes», manifestó.
Taiwán se gobierna de forma autónoma desde 1949, cuenta con unas Fuerzas Armadas y un sistema político, económico y social diferente al de la República Popular China, y está considerado una de las democracias más avanzadas de Asia.
Sin embargo, Pekín considera a la isla una «parte inalienable» de su territorio y en los últimos años ha redoblado su campaña de presión contra ella para consumar la «reunificación nacional», clave en el objetivo a largo plazo del presidente chino, Xi Jinping, de lograr el «rejuvenecimiento» de la nación china.
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