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Los hutíes, de nuevo en el punto de mira ante la escalada en el Yemen y con Arabia Saudí – Mundo



Los insurgentes yemeníes, respaldados por Irán, han demostrado su poderío militar desde el estallido de la guerra en el Yemen en 2014, cuando tomaron la capital, Saná, y amplias zonas del noroeste del país que administran como un Gobierno funcional. De hecho, la ONU califica a los hutíes como «las autoridades de facto» en las áreas bajo su control.

Desde entonces, los rebeldes no solo han sobrevivido a la campaña de Arabia Saudí, que intervino en el Yemen en 2015 en favor del Gobierno reconocido al frente de una coalición militar, sino que se han hecho más fuertes, tienen capacidad para fabricar su propio arsenal y han conseguido reclutar a decenas de miles de combatientes.

Estas son las claves para entender la escalada en la guerra:

El 13 de julio, el Ejército yemení bombardeó el aeropuerto internacional de Saná para impedir el aterrizaje de un avión iraní, y ante sus preocupaciones de que la instalación se convirtiera en un punto de llegada de armas y asesores de la Guardia Revolucionaria de Irán para apoyar a los hutíes.

Los insurgentes, sin embargo, acusaron directamente a Arabia Saudí del ataque y respondieron con el lanzamiento de misiles y drones contra la monarquía árabe, que a su vez también realizó operaciones militares contra posiciones de los rebeldes en el Yemen, pese a afirmar que no buscaba una confrontación directa con el movimiento.

Las tensiones escalaron hasta niveles sin precedentes en años una semana después, cuando los hutíes impusieron un bloqueo naval a Arabia Saudí en el mar Rojo, precisamente la válvula de escape para las exportaciones de petróleo del mayor productor de la OPEP tras la crisis en el estrecho de Ormuz.

Los rebeldes han atacado varios buques en esa estratégica vía, por lo que Riad ha fundado la llamada Alianza Multinacional para la Seguridad Marítima, una coalición a la que han manifestado su deseo de unirse unos 14 países de momento y que, según las autoridades saudíes, tiene un carácter puramente defensivo.

En paralelo, los hutíes han aprovechado su inercia ofensiva contra las tropas gubernamentales en diferentes frentes del Yemen que llevaban años congelados, pero se están centrando sobre todo en las provincias ricas en recursos naturales y en las del mar Rojo, en su intento de acaparar la costa yemení.

El principal punto de choque es la provincia de Marib, un bastión del Gobierno en el centro del país que es rico en petróleo y gas, mientras que también se están presenciando ataques y combates en la vecina Al Yauf, un punto de conexión entre diferentes regiones del Yemen.

En el suroeste se encuentra Taiz, bajo control gubernamental casi por completo y en la que los hutíes tratan de avanzar desde el norte, el este y el oeste.

En esa provincia se encuentra la ciudad portuaria de Moca -contra la que los insurgentes llevan lanzando ataques a gran escala desde el 9 de agosto- que es estratégicamente importante por su proximidad al estrecho de Bab al Mandeb, la puerta de entrada al mar Rojo y donde precisamente los hutíes están apuntando a los buques saudíes.

Asimismo, también se están registrando choques en la provincia meridional de Shabua, que limita con territorio controlado por los rebeldes y que une el centro con el sureste del Yemen, o en la suroccidental Al Dhalea, donde se han registrado enfrentamientos intermitentes desde julio.

El enviado especial de la ONU para el Yemen, Hans Grundberg, ha advertido en los últimos días que estos desarrollos aumentan «drásticamente el riesgo de un retorno al conflicto a gran escala» en el país árabe, por lo que ha insistido en un cese de la escalada actual, la más significativa desde la tregua de 2022.

Grundberg indicó que en las últimas semanas ha mantenido un «diálogo intenso» con las partes enfrentadas y otros actores regionales, a los que no mencionó, «para explorar opciones concretas de desescalada», e insistió en que la vía diplomática «aún está disponible» si hay voluntad política y un compromiso de los bandos.

Mientras tanto, el Yemen sigue siendo el escenario de una de las peores crisis humanitarias del mundo: más de 22 millones de personas -casi la mitad de la población- necesita ayuda humanitaria, de acuerdo con Naciones Unidas, tras más de una década de guerra que se ha saldado con alrededor de 377.000 muertes.



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